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Alfa & Omega

El infierno y su sufrimiento son engaños; el cielo se dice que es un engaño.Todos los dioses y los demonios son engaños, sus guerras y sus orígenes también son engaños. Las leyendas del nacimiento de las encarnaciones de los santos y los divinos y su disolución son, igualmente, engaños.

 

No se da cuenta de que todos los objetivos espirituales que están superpuestos a los objetivos que llama espirituales nacen de su fantasía, porque ha dividido la vida en material y espiritual. No importa qué instrumento use para alcanzar su meta, ya sea material o espiritual, es exactamente lo mismo, engaños. El juego por la clemencia de los dioses es tan viejo como la existencia del hombre. Sigue jugando este juego, te permite ser parte de las sociedades religiosas. Negar el juego tal, también te aceptan, por lo menos en las sociedades modernas. Te has movido al otro lado del juego, has pasado por la carretera para estar al otro lado. El mismo aire, pero al otro lado. Ya eres creyente en el poder y el oro. Pero el juego sigue. El casino siempre gana. Si alcanzara todas las metas que se propuso, éxito, dinero, renombre y fama, posición o poder, sería feliz. Ésta era la promesa. Ya estas listo. Ya posees  todo lo mundano. La abundancia te abraza. Y el sinsentido te deja aburrido. Todo el mundo lo sabe. Y todo el mundo lo juega. Ya vuelves a la ruleta. Ya quieres saber si ser adepto a los dioses, te lleva al Nirvana. Ya no tienes que luchar por lo mundano. Ya eres un rico espiritual. Bienvenido al veneno espiritual. El olimpo siempre gana. Al hombre extraño, no le importa ni la divinidad, ni el oro, ni la mujer. Si el destino le regala riquezas o le obliga a enfrentarse a tiempos duros, que hacer ? El hombre sencillo sabe que no hay placer sin dolor. No hay suerte sin mala suerte, porque uno no puede hablar de suerte si no sabe lo que es la mala suerte. Todos reciben su porción de mala suerte y sufrimiento. Si lo miras en la suma, se relativa.

 

Qué quiere? Un millonario quiere ser un billonario, y un billonario quiere ser un trillonario. Así que, quiere placeres y quiere que esos placeres sean permanentes. El hombre espiritual quiere ser más y más feliz. O, quiere ser permanentemente feliz. Entonces, esa es la meta. El hombre sencillo nunca querría ser feliz. Usted es feliz a veces y  otras veces es infeliz. No es que quererlo sea malo. Pero la única forma de alcanzar sus metas materiales o espirituales es mediante un instrumento. El único instrumento que tiene es el pensamiento. El sin nombre no es pensable. Él es lo que es. Rendirse a su divina vocación es lo que te queda. Así el valor de estar feliz o ser millonario no vale más. 

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